Por qué a los alumnos no les gusta el colegio

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Es psicólogo cognitivo y lleva una década tratando de entender por qué a tantos niños no les gusta el colegio. Asegura que la principal dificultad estaría en que el cerebro prefiere recurrir a la memoria antes que pensar, a no ser que lo reten a resolver problemas desafiantes. Y eso es lo que falta en la educación.

Fuente: Revista Ya

Daniel Willingham tiene tres hijos. La mayor, de 20 años, estudió toda su escolaridad en el sistema público de Estados Unidos. Tuvo una buena experiencia, se graduó con buenas notas y entró a la universidad. Siempre ha dicho que le gusta aprender cosas nuevas. Pero por alguna razón, cuando su padre -doctor en psicología cognitiva, profesor del departamento de psicología de la Universidad de Virginia y autor del libro “Why Don’t Students Like School?”- le pregunta si lo pasó bien en el colegio, ella contesta que no.

Y esa es una respuesta, dice el experto, que ha escuchado de otros niños también.

-El colegio debiera consistir esencialmente en aprender cosas nuevas. Entonces parece existir una desconexión entre las dos cosas -dice desde su casa en Charlottesville.

Esa desconexión es de alguna manera lo que se ha dedicado a investigar en los últimos años. Todo empezó por casualidad en el año 2000, cuando lo invitaron a darle una charla a un grupo de profesores. Cuando avisó que no sabía nada de educación, le dijeron que eso era exactamente lo que necesitaban: un experto en ciencia cognitiva que no dijera lo esperado. El tema le llamó lo suficientemente la atención como para que ampliara el foco de sus investigaciones, hasta entonces centradas en la memoria, para analizar lo que está ocurriendo en el sistema escolar de su país. El resultado fue la publicación, el año pasado, de su libro que ya ha sido traducido al francés, chino, coreano, tai, portugués y ruso.

Mentes desafiadas

Una de las primeras preguntas que se hace Daniel Willingham en su libro es precisamente la que se hizo después de interrogar a su hija sobre su experiencia escolar: ¿Por qué resulta tan difícil hacer del colegio un lugar del que los niños disfruten?

La respuesta, asegura, está en la manera misma en que funciona el cerebro humano.

-A diferencia de la creencia popular, el cerebro no está diseñado para pensar. Está diseñado para ahorrarnos el pensar, porque el cerebro en realidad no es muy bueno para hacerlo. Pensar es lento y poco confiable. Sin embargo, a la gente le gusta el trabajo mental si éste es exitoso. Le gusta resolver problemas, pero no trabajar en problemas sin solución. Si el trabajo escolar siempre es un poco demasiado difícil para el alumno, no hay que sorprenderse que no le guste mucho el colegio -explica el especialista.

Los seres humanos, dice Willingham, son naturalmente curiosos, pero a menos que se den las condiciones cognitivas adecuadas evitarán pensar.

-¿Cuáles son esas condiciones adecuadas?

-Todo en la vida puede ser visto como un problema interesante. Pero si tienes una solución que ha funcionado en el pasado, lo más probable es que la uses porque pensar es agotador. Si tienes que hacer una salsa de espaguetis, lo más probable es que no vayas a revisar distintos libros de cocina para descubrir nuevos ingredientes, sino que vas a hacer la que siempre haces. Y la razón por la cual lo haces así es porque pensar es cansador, y además uno corre el riesgo de que la nueva solución al problema no funcione. Recurrir a la memoria en cambio no agota para nada, es muy rápido y da resultados. Pero, por otro lado, pensar es gratificante. Entonces cuando hablo de las condiciones cognitivas adecuadas me refiero a que se nos presente un problema que no hayamos resuelto en el pasado -porque si no recurriremos a la memoria-, ni que sea demasiado difícil de resolver porque eso no es entretenido. Tiene que ser un problema frente al cual tengamos la sensación de que tenemos el tiempo y la capacidad de resolverlo con un pequeño esfuerzo. Si sentimos ese desafío, entonces es mucho más probable de que pensemos en una solución. Idealmente eso es lo que debiera ocurrir en una sala de clases. Hay que encontrar el nivel de dificultad que permita que los alumnos estén intrigados, porque se van a sentir gratificados solucionando un problema y no respondiendo a una situación a través del uso de su memoria.

Tomando en cuenta estos datos que ha entregado la ciencia cognitiva, Willingham dice que la principal dificultad del sistema educativo actual tiene que ver con el currículum. En Estados Unidos, dice, la malla curricular no es lo suficientemente sólida como para permitirles a los profesores captar y mantener la curiosidad de los niños. Da el ejemplo de la lectura.

-Durante los primeros años de la básica la educación se enfoca en enseñarles a los niños a leer, es decir a traducir letras en sonidos. Pero ésa es solo una parte de leer. La otra tiene que ver con la comprensión, que se mide en los escolares más avanzados. Y hoy existe mucha evidencia de que el principal factor para que los niños entiendan lo que leen es haber juntado conocimientos básicos en historia, ciencia, geografía, y todas las materias que van a necesitar para leer un libro un poco más complicado cuando crezcan. Pero el material de lectura de los colegios es plano. Son cuentos de ficción poco interesantes -explica.

El resultado es un nivel de comprensión de lectura débil en la enseñanza media y, sobre todo, la aparición de una brecha entre los niños más privilegiados -que cuentan con padres profesionales, con libros en la casa, y diversas oportunidades de aprendizaje fuera del colegio- y los niños más desfavorecidos que quedan atrás.

-Eso hace que cuando entran a sexto o séptimo básico, que es cuando el trabajo escolar se pone más serio, los profesores estén enfrentados a niños muy avanzados, otros que están a medio camino y otros retrasados. Si para ser interesante el trabajo mental tiene que ubicarse al nivel de dificultad adecuado, los profesores tienen un problema enorme porque en su curso hay 25 niños que para interesarse en aprender tienen que resolver problemas de niveles de dificultad muy distintos.

Dar sentido para aprender

Captar la atención de los alumnos y mantener su interés por aprender no es, según Willingham, el único desafío del sistema educativo norteamericano. Otro punto que queda por despejar es la manera en que los alumnos estudian.
El psicólogo cognitivo cuenta que incluso sus estudiantes de pregrado que tuvieron buenas notas en el colegio y lograron entrar a una buena universidad no saben mucho cómo funciona su mente y su memoria. Y no son, por lo tanto, muy eficientes a la hora de estudiar.

-El error más común que cometen es tratar de aprender leyendo la materia una y otra vez. Toman apuntes, la subrayan con destacadores y luego la vuelven a leer. Lo que hace eso es darles un sentido de familiaridad. Así como cuando uno ve a alguien en la calle, sabe que lo conoce pero no sabe de dónde. Pasa lo mismo: a los estudiantes les parece conocido lo que han leído, pero cuando les hacen una prueba no saben explicarlo.

El método que Daniel Willingham recomienda consiste en darle un sentido a lo que uno está estudiando, porque lo que la mente recuerda y asimila en el largo plazo es el significado personal que uno les da a las cosas.

-Por ejemplo, yo les recomiendo a mis estudiantes que tomen un capítulo y que no lo resuman de la manera habitual sino que busquen otro formato, como el de un diagrama. Eso los obligará a reflexionar sobre cómo van a conectar las ideas, qué está relacionado con qué. Y sólo con el proceso de hacer eso, estarán estudiando de manera eficiente -dice.

-Desde el punto de vista cognitivo, ¿por qué el sentido es tan importante?

-Es uno de los misterios de la memoria. El sentido es importante porque es lo que uno recuerda después. Lo que uno piensa mientras estudia es lo que va a recordar. Por ejemplo, si está estudiando francés y le importa tener un buen acento, entonces en lo que va a tener que pensar es en los sonidos. Si está estudiando un período de la historia, darle un sentido puede ser contrastarlo con otra época histórica que conoce bien. Se trata de conectar la información. Y lo otro que es importante para el aprendizaje es que no sólo consiste en sentarse y estudiar, sino que en darse oportunidades para aprender cosas que uno encuentra interesantes. Ir al zoológico con sus hijos, por ejemplo, es una buena manera de que aprendan sobre los animales. Si uno siempre está alerta, si tiene como un radar puesto para captar oportunidades de aprender, aprenderá mucho. Irá olvidando algunas cosas en el camino y otras quedarán. Pero también les entregará el mensaje a sus hijos de que como familia le importa aprender, que aprender es entretenido. Porque es realmente contraproducente pedirles a los hijos que les vaya bien en el colegio y, por otro lado, no mostrarles que uno está interesado en aprender cosas.

La principal dificultad con el sistema educativo actual, dice Daniel Willingham, tiene que ver con el currículum: la malla no no permite a los profesores captar y mantener la curiosidad de los niños.

El error más común que cometen los estudiantes es aprender leyendo la materia una y otra vez. Pero cuando les hacen la prueba, no saben explicar lo que estudiaron, dice el psicólogo Daniel Willingham.
Mitos sobre el cerebro

Según Daniel Willingham, la investigación en ciencia cognitiva de los años 50 y 70 no arrojó información muy confiable. Del trabajo realizado en esos años surgieron varios mitos respecto del funcionamiento del cerebro humano. Aquí el experto desmitifica.

La creatividad está ubicada en el hemisferio derecho: La mitología dice que el hemisferio izquierdo del cerebro es lógico, ordenado, analítico y que maneja todo lo que está relacionado con la habilidad para leer, razonar y para las matemáticas. El derecho, en tanto, está más orientado hacia los sentimientos, las emociones, la percepción espacial y las artes y por eso se considera que la creatividad depende de él. Recientemente, sin embargo, un nuevo estudio, que incluyó el escaneo de 67 cerebros, demostró que la creatividad no es especialmente una función del lado derecho del cerebro.

Existen distintos estilos de aprendizaje: La idea de que hay personas que asimilan conocimientos de manera más visual, otras que son más autitivas, y otras que aprenden mejor manipulando objetos es comúnmente aceptada. Pero es un mito. Willingham cuenta que se han hecho experimentos que consisten en contarles un cuento a 50 personas en la modalidad que prefieren (a través de un slide show para los “visuales” o de una canción para los “auditivos”) y a 50 otras se hizo lo mismo en la modalidad que no era de su preferencia. Lo que retuvieron los que recibieron la información respetando su supuesto “estilo de aprendizaje” no superó lo que asimiló el resto.

Habilidades cognitivas y contenido: No es cierto que uno puede ser bueno para pensar sin tener conocimientos. Uno puede tener conocimientos sin pensar, acumulando hechos en la mente, pero no puede desarrollar habilidades cognitivas si no tiene conocimientos que permitan desplegarlas.

Hay que estudiar para aprender: Lo que hace que uno recuerde algo no es el esfuerzo. Por eso no sirve tener la intención de recordar algo para lograrlo. Lo que uno asimila es lo que piensa de las cosas, no lo que estudia de manera tradicional. Por eso, podemos recordar la última copucha sobre Lady Gaga, o saber quién escribió Harry Potter pero no acordarnos de algo que estudiamos en los libros la semana anterior. “Uno aprende lo que le llama la atención, no lo que estudió”, dice Willingham.
Los nueve principios de Daniel Willingham

La idea detrás del libro del experto es que la ciencia cognitiva es difícilmente aplicable a las salas de clases porque se desarrolla en laboratorios. Mientras en la primera todo va variando cada día, en el segundo los científicos buscan controlarlo todo. Existen sin embargo nueve principios suficientemente confiables y demostrados como para ser aplicados en los colegios.

1- La gente es naturalmente curiosa, pero la curiosidad es frágil: Eso implica que cuando puede el cerebro evita pensar. Prefiere apoyarse en la memoria para resolver problemas. Para incentivar al ser humano a pensar y a aprender cosas nuevas hay que establecer condiciones cognitivas adecuadas, es decir enfrentarlos a problemas que sean realmente desafiantes y entretenidos para ellos.

2- El conocimiento precede las habilidades para pensar: Es necesario tener conocimientos de base para que las habilidades cognitivas funcionen bien. “Yo por ejemplo soy bueno para pensar científicamente en cosas de ciencia cognitiva, pero no soy tan bueno para entender y reflexionar sobre temas de un área tan cercana como la psicología social”, dice Willingham.

3- La memoria es el residuo del pensamiento: Uno no recuerda lo que quiere recordar ni lo que los profesores esperan que uno recuerde. Uno recuerda lo que piensa sobre las cosas.

4- Entendemos cosas nuevas en el contexto de cosas que ya sabemos: Por eso es tan difícil asimilar ideas abstractas. Cada vez que uno les enseña algo abstracto a los alumnos, éstos piden que les den un ejemplo concreto para entender el concepto. “Entender es una manera disfrazada de recordar, porque lo que uno hace cuando entiende nuevos conceptos es tomar conceptos que ya maneja y destacar aspectos diferentes a los en que se había fijado antes o compararlos de una manera nueva”.

5- Es virtualmente imposible ser bueno en una tarea mental sin practicarla.

6- La capacidad para pensar que uno tiene al principio de una formación es fundamentalmente distinta a la que uno tiene cuando esa formación está más avanzada: Eso implica que los expertos no sólo son mejores en lo que hacen, sino que piensan de manera cualitativamente diferente. Por ejemplo, un médico experimentado no piensa de la misma manera que un estudiante de medicina. “Eso es importante porque en la educación muchas veces la gente comete el error de pensar que para enseñar hay que mirar la manera en que los expertos hacen algo y tratar de que los niños lo imiten. Y eso no funciona”.

7- Los niños son más parecidos que distintos en su manera de pensar y aprender: La mayor diferencia la marcan sus intereses -que pueden variar según el niño- y la brecha que existe entre niños de familias más acomodadas -que tienen mayor acceso a conocimientos- versus los niños que manejan menos información, a los que les es por lo tanto más difícil asimilar conceptos nuevos.

8- Los niños tienen inteligencias distintas, pero el nivel de inteligencia puede cambiar a través de un trabajo duro y sostenido: “Salvo para los casos en que hay un problema biológico, no acepto la idea de que algunos niños simplemente son más tontos y no aprenden”, dice Willingham.

9- Todo lo dicho sobre los alumnos vale para los profesores también: Los profesores también tienen un sistema cognitivo que no es muy distinto al de los estudiantes. Y enseñar, al igual que cualquier habilidad cognitiva compleja, requiere práctica para mejorar. En Estados Unidos, dice el experto, no hay mucho espacio para esa práctica.

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